Empezaré por escribir lo que sentía un par de meses atrás, un día melancólico y lluvioso en Inglaterra.
Día 17:
Nunca me agradó del todo eso de llamarlo diario así que...
Estimada hoja en blanco:
Realmente comienzo a acostumbrarme a todo esto.
Sí, realmente comienzan a no importarme la melancolía que trae consigo la lluvia ni el frío que esta impregna en mi pelo.
Comienza a no cansarme eso de no ver mucho el sol. Comienzo a darme cuenta de que no puedes huir de tus problemas por muy lejos que te vayas.
Es ahora cuando sé que en algún lugar muy hondo de mi ser, necesito arreglar todo, por mucho miedo que me dé enfrentarme cara a cara con las situaciones difíciles.
Ahora sé que, después de todo, siempre supe que no podía vivir siempre en un mundo paralelo a este, en el que los problemas no existen y todo es genial.
Ahora me doy cuenta de que mi pequeña gran coraza en la cual me refugio siempre nunca llegó a existir del todo.
Y... aun habiendo sabido todo esto desde un principio, me duele demasiado darme cuenta de que siempre he estado idealizando todo.
Definitivamente, reflexionar está bastante bien para encontrarse de frente con la realidad, afrontarla y dejar de mentirse a uno mismo.
Definitivamente, la lluvia me despeja bastante la mente.